Corrian las ocho de la tarde del ya histórico sábado 9 de octubre, cuando el bar de Chupi comenzó a inundarse de una marea bigotuda sin precendentes en nuestro querido pueblo.
A pesar de que en el programa oficial se estipulaba el comienzo de los actos programados a las 20.30 horas, el amigo Emilio preso de la impaciencia que surge ante la proximidad de un acontecimiento por el que llevaba días esperando y en un acto similar al del perro que espera impaciente a su amo y cuando lo ve la emoción es tal que no puede reprimir sus ganas de mear, convocó a todos a media hora antes.
20.25 horas la tensión bigotil se palpa en el ambiente, las ganas por presenciar el momento inicial van en aumento y la organización, ante el temor de que la masa bigotuda se desborde, decide no esperar un minuto más y comienza a repartir las acreditaciones. A última hora y ante el espectacular ambiente cuatro nuevos bigotes deciden inscribirse, los veteranos Pedro Alcázar y Rafael y los jóvenes mostachos de Hugo Fidel y Pedro Luís, ya somos 50 Bigotes.
Todo está preparado, incluso el llano está repleto de espectadores que no quieren perderse tan curioso evento, de repente suena un primer chupinazo, la adrenalina alcanza límites insospechados. Resultado de la euforia el artificiero Fernando decide tirar otro cohete, poco hábil no sabemos si fruto de su torpeza, de los nervios del momento o simplemente de que es un zoquete se quema con la mecha y lanza el artificio en dirección paralela a la calle Profesor Tierno Galván, con tan mala suerte que colisiona con el canalón sito en la fachada de la casa de la señora Juana, haciéndolo volar por los aires, todo el mundo enmudeció ante tal incidente, pero dicen que los gitanos no quieren ver buen inicio a sus hijos, y en este caso la afirmación fue de lo más acertada ya que el fatídico comienzo nada tuvo que ver con el despiporre posterior.
continuará ...
Que continúe este relato...enhorabuena Chico!!
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